Tú no has visto nada – Maldita Jefa

Que sí, que no, que nunca te decides. Después de varios intentos fallidos, con mi amiga Emilia logramos concertar esa junta que hace tanto nos debíamos. El lugar elegido era un restobar hiper sofisticado que quedaba escondido en un pasaje a la…chucha del mundo, disculpando el francés. “¡Laura, tienes que conocer ese lugar!”, me insistió Emilia cuyo buen pasar en una compañía minera la había hecho olvidar el presupuesto con el que contábamos los marginados de los suburbios. En fin, ¡si no la veía nunca!

–Obvio, nos vemos allá.

La primera en llegar fui yo, puntual a las 20:00 horas para poder aprovechar bien el tiempo con ella. Milagrosamente, salir de la oficina no había sido difícil porque Berta se había ido temprano, aunque sin avisarle a nadie. ¿Y eso estaba mal? Para nada, pero ¡anda a hacer lo mismo con ella! Pobre de tu alma desgraciada si eso llegaba a ocurrir cuando ella te necesitaba.

“Ya basta”, pensé autocensurándome. El trabajo había quedado atrás y había llegado el momento de disfrutar del increíble lugar en el que estaba. ¡Todo ahí era un “conceptazo”! Había sillas pegadas en el techo, todas las paredes decoradas con elementos vintage y hasta las servilletas tenían diseños propios. En un acto de tierna maldad, tomé una y me la guardé en la cartera. ¿Para qué?¡Para nada! Sabía que no le iba a dar ningún uso, pero igual lo hice. Es que estaba bonita. Seguir leyendo

¿Cuántos días te vas a tomar? – Maldita Jefa

Son las 9:20 horas y silenciosa como un ninja llego a mi puesto. Es tarde, bastante tarde, y mi cuerpo lo sabe. Colocar el bolso sobre el escritorio es un avance, pero necesito que el laptop también haga acto de presencia, así que corro hasta mi locker, lo saco de ahí, lo prendo y comienzo a pasar mis dedos por el teclado como lo hacen los gatos, esos de youtube, a los que sientan frente al computador sin tener la más mínima idea de lo que está pasando.

“Ay, buenos días, ¿cómooooo están?”, escucho atrás mío y bendigo mi buena suerte, sin poder voltearme todavía porque se supone que estoy muy ocupada trabajando…en la pantalla de inicio del Outlook. Es la ronda de saludos mañaneros de Berta para demostrarnos su amor y tomar nota de quienes han llegado tarde. Como es habitual, pasa por todos los puestos y me deja para el final, donde siempre hace lo mismo: me mira de pies a cabeza descaradamente (sí, jefa, mis zapatos son los mismos de ayer), me toma por los hombros para acércame a ella, besarme, y luego echarme lejos, ¡como un resorte! Diría que esta costumbre ya me da risa y solo espero que pase rapidito, como pinchazo de penicilina. Seguir leyendo

Maldita_Jefa_Cabralesa_blog_cap9_La misma mierda con distintas moscas

La misma mierda con distintas moscas – Maldita Jefa

“Pícala, pícala”, me repetía una y otra vez mientras salía de la oficina de Berta. Como esos niños que tocan el timbre y salen disparados, jadeantes y felices ante su pequeño acto de rebeldía. Fue así como llegué toda chascona al centro de operaciones llamado oficina para contar la peripecia recién vivida.

–¡Cabras, tengo una buena que contarles!¡Pa’ chuparse los dedos! –exclamé a la manada que en menos de dos minutos se convocó alrededor mío para disfrutar de un ritual cada vez más común entre nosotras. Con las mangas arremangadas y rebosante de pasión, comencé mi relato de la manera más elegante que las emociones me permitieron: “¡¡La muy vaca quería hacerme trabajar un domingo…y gratiiiiiis!!”. Seguir leyendo