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Sólo dígale que sí – Maldita Jefa

Al poco tiempo de trabajar con, digo, estar bajo el mando de Berta, pude detectar que la señora era muy alérgica. Sus ronchas no eran provocadas por el polen, sino a una simple palabra: NO. Así es, algo tan natural como una simple negativa provocaba en esta mujer la más dolorosa de las expresiones que iban de un simple levantamiento de ceja hasta el más teatral de los alaridos. Y yo, siempre tan distraída, confundía todos esos síntomas con falencias en mi forma de trabajar: tal vez, no me estaba expresando correctamente o no ofrecía suficientes alternativas al problema.

Este fue un ciclo que se repitió por meses en una dinámica que iba más o menos así:

– Laura, mira, necesito que vuelvas a extender el plazo para completar la encuesta de clima organizacional. – me decía, mirándome de reojo.

–¿Otra vez, Berta? Eso nos quita credibilidad frente a los colaboradores.– respondía confiada…confiada de que hablaba con un adulto.

– Es que sí, solo llevamos un 45% de respuesta. Manda otro comunicado – demandaba con voz tensa.

– Humm, también creo que nos hemos excedido con los comunicados. La gente no los está leyendo– comenté tratando de mirar solo la pantalla del computador y obviar los rayos láser que salían de sus ojos.

– Es que tenemos que subir la participación – repetía como en automático.

– Lo sé, por eso, ¿por qué no organizamos reuniones para que las jefaturas bajen esta información?

– Humm, sí.

–¿Sí?

– Ay, no, haz un comunicado. Manda un comunicado. – ordenaba como punto final mientras se alejaba con su reptiliano caminar.

La especialista en comunicaciones era yo, pero eso que importaba. Para Berta, la mejor opción siempre era atacar a los empleados con sucesivos correos para hacerlos reaccionar por cansancio, el mismo que me provocaba a mí por seguir instrucciones sin sentido. Eso de “tú y yo, redactando un comunicado. Piénsalo” definitivamente no estaba funcionando entre nosotras.

Menos mal que la iluminación llegó por fin a mi vida. Fue un viernes, lo recuerdo bien, porque estábamos por terminar la jornada laboral y, adivinen qué, Berta necesitaba un comunicado.

– Berta, lo siento, no puedo enviarlo.

–¿Pero por qué noooooo?

– Es que como tú ya sabes, dependo de dos personas más para enviarlo. Necesito a desarrollo web e informática y están por irse.

– Es que me lo pidió José Migueeeeeel – refunfuñó, como si su jefe se tratara de un pokemon que iría en mi ataque.

– Bueno, dile que no se puede – dije, casi en un murmullo.

– Ay, Laura, entiéndeme – e hizo una pausa para lo mejor – YO no le puedo decir que NO a mi José Migueeeel.

En un instante, miles de imágenes se agolparon en mi cabeza, algunas bastante pornográficas debo admitir. Un pajarito se posó en la ventana, un compañero de oficina se sirvió un café y por fin mis neuronas conectaron para hacerme entender, de una vez por todas, que uno de los cometidos más importantes de una maldita jefa es hacer toooodo lo que su superior le pida y mi función como su pichiruchi era ejecutar todo lo que la doña solicitara…¡como indica la cadena alimenticia laboral! Lamentablemente, la guata de callo no va conmigo y a falta de inspiración me acordé del humorista Coco Legrand con su célebre frase: “usted siempre de hueón”

¡Claro, solo tenía que decirle que sí y luego arremeter con el mejor de mis argumentos! Sí, jefa, ejecuto su proyecto, pero le va a costar $X. Y ahí la jefa abría harto los ojos porque nunca se le había ocurrido pensar que su bendito proyecto costaría tanto.

Sí, jefa, saco su campaña, pero con ese tiempo que me da solo me da para hacer X. Y ahí la jefa apretaba los dientes porque tomaba conciencia que las cosas no se realizaban sólo por pensarlas.

Vencidas las barreras del “NO” con un “SÍ” logré imponer varias de mis propuestas. Eso, claro, después de varios porrazos en el cuerpo.

—>¿Cómo comenzó todo esto? Conoce a la Maldita Jefa en el capítulo 1 

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