Columna marzo: Entrevistas laborales

En esta emocionante primera entrega, voy a tratar el tema de las entrevistas laborales, de por sí un tanto estresantes para muchos y que, curiosamente, se parecen mucho a una cita amorosa ¿Conocen a alguien que se encuentre en un proceso de selección? ¿Que haya recibido la añorada llamada para presentarse, limpiecito y bien peinado, a su entrevista laboral? Entonces, hágale el favor de etiquetarlo en esta publicación. O compartirla sutilmente entre sus amistades. ¡Aquí vamos!

1. Primer encuentro: A mostrar las mejores pilchas

¡Así es! La primera entrevista es como la primera cita amorosa. Para esta instancia, no solo usted está más arreglado que huaso para el dieciocho, sino que también lo estará su posible empleador, convocándolo a la mejor sala de toda la empresa. Ese lugar que hace gala de refinados muebles y grandes ventanales que le hacen exclamar (o al menos pensar): “Wow, ¡yo quiero trabajar aquí!”. Sobre todo esa parafernalia, déjeme bajarlo de las nubes y recordarles que usted no trabajará ahí, sino en un oscuro cuchitril sobre el que hablaremos más tarde. Usted se pone su mejor traje, la empresa le muestra sus mejores instalaciones. Todo esto es solo para impresionar, no se quede con eso.

2. Usted no es el único

El empleador sabe que lo desean y por eso tuvo el descaro de no solo contactarlo a usted, sino a otros nueve sujetos dispuestos a darlo todo por ganarse su “corazón”. Abrir la puerta y encontrarse con todos ellos puede ser un tanto chocante, pero lo mejor es saberlo de antemano y mantener la cabeza fría. Sonreír bastante también ayuda mucho, sin entrar en la trampa de “el que más habla, gana”. Aquí es mejor ser buen observador y tomar nota de lo que se dice, especialmente de parte de su empleador.

3. Postule al cargo real, no para el que le gustaría

Muy relacionado al punto anterior, recuerde muy bien el cargo al que postuló y las funciones del mismo, las que seguramente serán recordadas por el empleador durante la entrevista. Por eso mismo, si usted está postulando para ser asistente, ¡no se venda como jefe! No vaya a ser que por sacar las plumas quede sobre calificado. Y lo mismo al revés: si postula para gerente, no sea pollo.
Una técnica que usaba en mis tiempos de asalariada era tomar nota de lo que decía el entrevistador y repetir después en una técnica de espejo. “Buscamos a alguien que sea proactivo”, manifestaba el psicólogo y yo después repetía al presentarme “Me gusta tomar responsabilidades y buscar soluciones cuando llegan los problemas”. ¡Y todos felices !

4. Si ya dio la entrevista, ¡entonces vaya por la siguiente!

No de nada por hecho, incluso si cree que el trabajo es suyo. Sáquelo de su cabeza, siga buscando , siga atento a su teléfono/ e-mail y evite la tentación de contactar a la empresa para preguntar sobre el proceso de selección.
Uno puede estar muy urgido de trabajo, pero las empresas no van a tener ni un remordimiento en tomarse semanas para cada etapa del proceso de selección. El hecho de preguntar solo dejará de manifiesto su gran ansiedad (que se entiende, pero que no gusta mucho).
Ocupe el comodín de llamarlos solo si tiene una real oferta de trabajo por otro lado para hacer un poco de presión, pero esto solo servirá si la empresa en cuestión está interesada en usted.

5. No hable mal de sus ex

Incluso si todo salió mal con los anteriores jefes, trate de sintonizarse con lo mejor de sus antiguos empleadores al momento que se le pregunte sobre ellos. O haga como yo que en un kami-kaze laboral, escribí la novela “Maldita Jefa” y me cerré a propósito muchas puertas para trabajos de sueldo y horario fijo.
Por eso, ahora soy una profesional independiente que se dedica a darle la lata con consejos laborales 

6. Sea preguntón

Cuando vaya por la segunda o tercera entrevista laboral, dese el lujo de ser preguntón. Se lo ha ganado luego de seguir vivo de los juegos del hambre en que los que le tocó participar. Ahora la empresa lo empieza a mirar con deseo, así que puede hacerse el interesante con inquietudes planteadas con elegancia y mortífera eficacia. Le sugiero algunas y examinar las reacciones (nunca le dirán toda la verdad):
1. ¿Cuántos años tiene mi área en la empresa?
2. ¿Por qué motivos se fue la persona que ocupaba mi cargo? ¿Cuánto tiempo duró en sus funciones?
3. ¿Cuál es la proyección en el cargo?¿Qué sigue después?
4. ¿Cómo es mi jefatura?
5. ¿Qué se espera puntualmente de mí?¿Cuáles son los desafíos del cargo?

7. Beneficios: ¿y a usted le sirven?

Durante el proceso de entrevistas, es fácil encandilarse con los beneficios ofrecidos por las empresas. “¡OMG, gimnasio gratis!”, “¡Convenio exclusivo con Entel!”, “¡3 horas extras semanales para la lactancia de su bebé!” pueden sonar muy bien, pero si usted nunca va al gimnasio, tiene contrato con Movistar y es hombre, puede que el panorama ya no parezca tan atractivo. Nuevamente, cabeza fría.

8. Las pretensiones de sueldo

¡Ay, aquí la memoria es tan frágil! Usted indicó sus pretensiones de sueldo en el CV enviado y también lo mencionó en la primera entrevista, pero no le extrañe nada que llegado el momento de firmar el contrato…¡Magia! La cifra indicada en el papel no era la que usted había indicado. Por eso mismo, es bueno recordar “sutilmente” lo que se pidió a partir de la segunda entrevista con frases como “¡qué bueno que mis pretensiones están de acuerdo a lo que buscan!” o “Sí, ya entregué mi CV junto con mis pretensiones de sueldo”. ¿Ve? Sutil. A la contraparte no le quedará más que confirmar lo pedido o notificar posibles cambios en la renta.

9. Última entrevista: la realidad

En esta etapa, la empresa le quiere y en un gesto de confianza, le muestra su lado más feito. Su cara de poto, su ponchera cervecera. Ahora la entrevista no se da en un lujoso despacho, sino en una estrecha salita de reuniones que todavía huele al almuerzo. La luz tiene la calidez de un refrigerador y es posible que cajas y archivos se acumulen descaradamente en un rincón. Antes de llegar a ese lugar, seguramente se paseó por monótonos pasillos de escritorios y estaciones de trabajo que se repetían hasta el infinito. Bueno, lo que vea en esos paseos es lo que lo espera. Uno de esos cubículos será su puesto de trabajo y es mejor que lo tenga claro antes de dar el sí.

Hay muchas cosas buenas que seguramente descubrirá una vez que esté trabajando en su nuevo puesto, pero mi misión con este testamento es ayudarlo a conseguir trabajo y con un panorama claro de lo que se viene. No es que las empresas sean el malo de la película, pero si hay algo que saben hacer es vender bien (porque así es como se mantienen, obvio) y eso se aplica también en el proceso de selección.

Mucha suerte con la búsqueda, mis sinceros deseos para que les toquen puros jefes buena onda y para más información sobre supervivencia laboral, compren su ejemplar de #MalditaJefa, novela de rosado insolente publicada por Planeta y disponible en grandes librerías del país (y pequeñas también).

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