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¿De qué sirvió el contrato? – Maldita Jefa

Hoy se extinguió el único espécimen masculino de la manada. Berta lo mandó a matar el último viernes de este mes, bien entrada la tarde, cuando casi no quedaba gente en la empresa para presenciar el despiadado acto. Seguramente, ella tenía la secreta esperanza de que el fin de semana hiciera lo suyo para olvidar más fácilmente al recién caído, pero para su desgracia yo, que estaba haciendo horas extras para variar, fui testigo de todo y me encargaré de contar todo lo sucedido apenas llegue el lunes.

Julián Gutiérrez, encargado del área de capacitación de Desarrollo Organizacional desde hace dos años y muro de los lamentos de Berta desde hace nueve meses, sufría día a día el tormento de trabajar para una maldita jefa.

–¿Viste cómo me miróóóó?¡No me gusta nada su actitud! – me habría confesado muñeca brava sin que se lo hubiera preguntado y sólo para aprovechar la oportunidad de hablar mal de alguien del equipo frente a otro de sus integrantes…del mismo equipo.

¿Era tan mala la actitud de Julián?¿Y tan fea la mirada? Por supuesto que no, pero en su psicosis, Berta deformaba la realidad frente a quienes osaban desafiar su imperio al no dejarse llevar por el chantaje emocional, como ocurría conmigo y el resto de mis compañeras. Por eso, cuando la jefa comenzaba con la cantinela de “que sí, que no, que nunca te decides” frente a los proyectos, Julián rápidamente la aterrizaba y la obligaba…a pensar.

–Julián no me da confianza, para nada –“murmuraba” la señora para que todos pudieran escucharla, mientras iba incluyendo en su lista negra el nombre del joven que, para su desgracia o bendición, no contaba con el status o las redes que le hubieran servido a la doña para sacarle provecho o servírselo.

Y así fue, ese último viernes de agosto. En un acto extrañísimo, el casi siempre ausente gerente de Recursos Humanos, José Miguel Irarrázaval, compartió más que un “hola” con mi compañero y le pidió una inesperada reunión pasada la hora de salida. Según lo que me contaría después Julián, todo le pareció normal hasta que Catalina Ibarra, consultora del área y líder de la “caravana de la muerte laboral”, se unió a la fiesta. Antes de que pudiera decir algo, habían colocado un vaso de agua frente a él y se escuchaban las disculpas de José Miguel por la ausencia de Berta que justamente ese día, a esa hora, tenía un compromiso mucho más importante que darle una patada en la raja a su subordinado.

Después de eso, para Julián todo sonó tan nítido como la profesora de Charlie Brown al hablar. Captó algo de “necesidades de la empresa”, “la casa central ya no requiere tu cargo” y otras mentiras que remataron con una carta de término de contrato lista para ser firmada. Un corte directo a la yugular, rápido y certero, que en compensación le aseguraba el salario por cada año de servicio entregado. En un intento inútil, Julián preguntó varias veces por las razones de su despido, pero eso sólo sirvió para que le repitieran la misma insensata tertulia del principio. Cansado y sin mucho más que hacer, no le quedó más que firmar, dejando caer la navaja.

Cuando me encontré con él, esto recién había pasado. Lo divisé en el pasillo, pálido por la noticia y la falta de sangre. No había que ser genio para deducir lo que había pasado, así que lo abracé sin hacer comentarios. “¿Qué voy a hacer?”, me dijo apenas con un hilo de voz, mientras caminaba abatido. ¿Y cómo no estarlo? Perder el trabajo no es fácil para nadie, pero cuando viene un hijo en camino, la situación cobra un matiz más dramático. Y sí, Berta sabía que Julián pronto sería papá.

Como para rematar la despedida, la consultora se quedó haciendo guardia a mi compañero para poder llevarse su laptop lo antes posible. –Oye, me tienes que pasar el celular institucional también – solicitó incómoda Catalina en su indeseado papel de verdugo. Claro, que no se nos fuera olvidar que, desde que estampó su firma, Julián ya no era parte de la empresa, la misma que tanto compromiso nos exigía y ojalá dos meses de aviso antes de renunciar. ¿Existirá algo más inhumano en una empresa que su área de Recursos Humanos? A veces, me hago esa pregunta.

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