¡¡Libertad!! – Maldita Jefa

“Yo soy Laura, coordinadora de comunicaciones y defensora de los secretos de la intranet corporativa.

Ella son Pamela, Clarita, Cristina y Pony, mis queridas compañeras de equipo.

Fabulosos y secretos poderes nos fueron otorgados el día en que levanté en alto mi dedo y dije: ¡HASTA CUANDO NOS HUEVEAN!

¡YO SOY UNA PROFESIONAAAAL! (Laura exclama llenándose de poder, el que dispara como un rayo sobre su equipo de trabajo)

Mis compañeras se convierten en colaboradoras súper poderosas y yo me transformo en LA-U-RA, la empleada más peligrosa del universoooo…” Seguir leyendo

El pueblo unido jamás será vencido – Maldita Jefa

Apodos hirientes que se supone te tienen que hacer gracia, conversaciones de pasillo que se apagan cuando vas pasando y la famosa “ley del hielo” fueron algunas de las fantásticas experiencias que me tocó disfrutar en trabajos anteriores, donde adultos de 30 o más se convertían en verdaderos adolescentes si no les caías en gracia. Por eso, y aún en mis peores momentos en la oficina, recordaba dar gracias por la buena onda que tenía con mis colegas, con quienes pasaba más tiempo que con mi propio esposo. Considerando lo último, no dejaba de preguntarme si podría contar con ellas para lo que se venía. ¿Nos apoyarían a Pamela y a mí para hacerle frente al huracán Berta? ¿Sería eso acaso era mucho pedir?

–Humm, no sé, chiquillas… Seguir leyendo

Rehabilitación laboral – Maldita Jefa

La decisión de trabajar en automático me obligó a replantear muchas cosas y aceptar otras tantas. Diría que la más importante fue tomar conciencia que le había agarrado “gustito” a sufrir y que me tomaría un buen tiempo rehabilitarme. Con vergüenza, tuve que reconocer que trabajar para una maldita jefa había hecho que mi vida fuera, digamos, más interesante al poder contar siempre con un archivo mental repleto de injusticias, llantos, adrenalina e incertidumbre para deleitar a seres queridos y amigos. En cada reunión social, en cada encuentro con una cara conocida, esperaba con ansiedad ese “¿cómo estás?”, “¿cómo te ha ido?”, para responder con lo más sabroso de mi repertorio que solía empezar casi siempre con la misma introducción.

–¡Ah, no sabes nada! El otro día, mi jefa… Seguir leyendo