El guardapolvo de la discordia – Lo que callan los conejos

-Por Pancracio-
¿Qué le voy a hacer? Solo soy un conejo. Por eso, y a pesar de las advertencias, seguí mordiendo el guardapolvo como si la vida se me fuera en eso. El irresistible sabor a madera pintada me atraía como un imán y apenas tenía la oportunidad, le volvía a echar una mascadita. Que conste que no soy el único, Eulalio también es adicto a la celulosa, pero a él le aguantan todo porque es el mayor, grande y peludo, y yo solo soy el guatón, el “chico”, porque soy shico.

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