Columna marzo: Entrevistas laborales

En esta emocionante primera entrega, voy a tratar el tema de las entrevistas laborales, de por sí un tanto estresantes para muchos y que, curiosamente, se parecen mucho a una cita amorosa ¿Conocen a alguien que se encuentre en un proceso de selección? ¿Que haya recibido la añorada llamada para presentarse, limpiecito y bien peinado, a su entrevista laboral? Entonces, hágale el favor de etiquetarlo en esta publicación. O compartirla sutilmente entre sus amistades. ¡Aquí vamos!

1. Primer encuentro: A mostrar las mejores pilchas

¡Así es! La primera entrevista es como la primera cita amorosa. Para esta instancia, no solo usted está más arreglado que huaso para el dieciocho, sino que también lo estará su posible empleador, convocándolo a la mejor sala de toda la empresa. Ese lugar que hace gala de refinados muebles y grandes ventanales que le hacen exclamar (o al menos pensar): “Wow, ¡yo quiero trabajar aquí!”. Sobre todo esa parafernalia, déjeme bajarlo de las nubes y recordarles que usted no trabajará ahí, sino en un oscuro cuchitril sobre el que hablaremos más tarde. Usted se pone su mejor traje, la empresa le muestra sus mejores instalaciones. Todo esto es solo para impresionar, no se quede con eso.

2. Usted no es el único

El empleador sabe que lo desean y por eso tuvo el descaro de no solo contactarlo a usted, sino a otros nueve sujetos dispuestos a darlo todo por ganarse su “corazón”. Abrir la puerta y encontrarse con todos ellos puede ser un tanto chocante, pero lo mejor es saberlo de antemano y mantener la cabeza fría. Sonreír bastante también ayuda mucho, sin entrar en la trampa de “el que más habla, gana”. Aquí es mejor ser buen observador y tomar nota de lo que se dice, especialmente de parte de su empleador. Seguir leyendo

Focus Group de heroínas Marvel

Las heroínas de las últimas películas Marvel fueron invitadas a participar de un Focus Group en un hotel neoyorkino, donde se las vio disfrutando de un café y charlando felices, agradecidas incluso de la oportunidad de reunirse en una instancia que no implicara actos terroristas, la destrucción de la ciudad o salvarle el trasero al compañero de turno. Natasha Romanoff (la Viuda Negra) lucía un cabello un tono más claro que en su última misión. Lady Sif apareció luciendo su rostro sin una gota de maquillaje, lo que por supuesto esto no opacó ni un poco su gran belleza. Como invitada especial a la actividad, Diana Prince (Wonder Woman) trajo galletas como regalo para todas y posó algunas selfies con sus amigas Wanda Maximoff (Bruja Escarlata) y Gamorra, a quienes no veía hace mucho tiempo.

¡Ojalá hubieran tenido más tiempo para conversar! Con la llegada de la especialista a cargo  de la actividad, las chicas no tuvieron más remedio que sentarse y esperar hasta la segunda pausa para retomar el diálogo.

Luego de presentarse como “Michelle V.”, la psicóloga agradeció a las presentes por su buena disposición hacia la actividad, recalcando en varias ocasiones que las preguntas serían bastante acotadas.Todas asintieron, la mujer sonrió. Acto seguido,y antes de comenzar con la primera pregunta, la psicóloga proyectó una foto para que fuera examinada por la concurrencia.

Era la imagen de una chica poco agraciada. Rubia, ojos pequeños, nariz abultada y baja estatura. Sus hombros eran anchos, su pecho bastante plano. Al sonreír, la joven dejaba ver los frenillos en sus dientes y un colorete exagerado en sus mejillas.

Entonces, Michelle rompió el silencio y preguntó: ¿Puede esta mujer convertirse en una súper heroína? Seguir leyendo

Mi sueño con Irlanda

Un día soñé con Irlanda, un país del que no sabía absolutamente nada.

Al observar el territorio desde las alturas, deduje que se dividía en norte y sur. Fui acercándome más y otro dato vino a mi mente: que la región se dividía en una población rubia y otra pelirroja. Hasta el día de hoy, no me he molestado en corroborar si esto es cierto.

Seguí en mi vuelo hasta llegar a una iglesia construida frente al mar, escena que cuestioné mientras soñaba. De alguna manera, la encontraba ridícula. El interior del santuario estaba construido en madera, medieval en su diseño, apenas iluminada con velas. En letras negras sobre una gran superficie alcancé a leer “Nuestra Señora de…” escrito en latín y tuve la certeza que me encontraba en el año 1.100 o una fecha cercana. Observé mi entorno, rodeado de campesinos y gente humilde rezando con fervor, y entonces identifiqué a mi propia persona: el sacerdote a cargo de la parroquia. Seguir leyendo